agosto 28, 2013

En Honor de Don Álvaro Mutis



Por Ensuncho De La Bárcena

I

Hace veinte años supe de la existencia del Poeta, gracias a su gran amigo el Nobel. En un evento celebrado en la Casa de Gobierno, el Presidente de turno le celebró sus 70 bien cumplidos. Al acto asistió su encumbrado amigo de toda la vida, quien pronunció un elogio a la amistad que conmueve y divierte a quien lo lee. “Mi amigo Mutis” fue emitido en diferido por alguna emisora estatal o comercial - igual da en estos tiempos – y lo escuché atento.

Por aquellos mismos días lejanos sin Internet, conocí al Poeta a través de un irrepetible y maravilloso programa de televisión llamado “Palabra Mayor” dirigido por R.H. Moreno Durán y conducido por Margarita Vidal. Recuerdo ese patio con matas de plátano, gatos pantagruélicos y aquel vozarrón del tamaño de sus carcajadas con el que Don Álvaro tanto cautiva a sus interlocutores.

II

Varios años después me lo topé de frente en un libro dedicado a Alejandro Obregón. En esa ocasión, el homenajeado era el extraordinario pintor del caribe y sus profundidades. En el libro, enteramente dedicado a su obra, había un relato titulado “Un resplandor desnudo” en el que Mutis confesaba los alocados y sucesivos encuentros entre Maqroll El Gaviero y Obregón en distintas partes del planeta.

En aquel entonces comencé a devorar con lentitud y placer, como un buen amante con su musa, la fascinante obra del Poeta, tanto en verso como en prosa. Desde esos años de finales de siglo me considero amigo personal de Maqroll, ferviente admirador de Ilona, cómplice de Abdul Bashur y amigo clandestino de Flor Estevez.

III

Pasado un tiempo, ya viviendo en Cartagena de Indias, tuve la magnífica oportunidad de conocer a su hijo Santiago, gran poeta, quien era el ángel guardián de la gran novelista Laura Restrepo. Con ellos compartí mis primeros versos. Me considero afortunado testigo de sus amores y víctima de su cariño, pues nos volvimos a ver en Bogotá en un viaje en el que Santiago me hizo visitarlo en su cama de resfriado. Con la cobija hasta el cuello me habló con ternura de mis versos, acompañado de los comentarios de Laura y de una brillante labradora negra que ladraba como asintiendo a cada expresión de Santiago.

IV

En diciembre de 1999, al bailarín y coreógrafo Álvaro Restrepo, amigo de Mutis desde hace varios siglos, se le ocurrió la idea de traer al Poeta para que inaugurara el Segundo Festival de las Artes “Memoria e Imaginación” con un recital en el Teatro Heredia y que al día siguiente ofreciera sus versos al viento a bordo de un galeón por la bahía de Cartagena. Todo estuvo pactado, pero la salud de Don Álvaro decayó y su médico le recomendó no viajar al caribe. A cambio, ofreció un recital en vivo y en directo desde un Hotel de Bogotá. En el galeón ocupó el puesto de gaviero su hijo Santiago, acompañado de su musa Laura Restrepo, y los escritores William Ospina y Oscar Collazos. Fue una noche inolvidable.

V

Al año siguiente trabajaba como editor de la incipiente sección cultural de un noticiero radial de la ciudad. Con las brisas de diciembre llegó el congreso nacional de publicidad que tenía como conferencista inaugural al Poeta. Tan pronto me enteré de la noticia me propuse hacerle una entrevista. El dia de la inauguración estuve una hora llamando a varios hoteles de la ciudad, hasta que uno de ellos me comunicó a la habitación. Al otro lado de la línea esa voz encantadora que había escuchado varias veces en televisión, voz de hombre de radio, voz cultivada de hombre que ha sabido batirse con las palabras. Le hice la entrevista y, al final, me propuso un encuentro para esa misma noche.

VI

Allí estaba yo, puntual y al acecho, en el Centro de Convenciones. Lo vi llegar con su entrañable amigo Álvaro Castaño Castillo con quien había fundado la HJCK, para quien hizo la cortinilla de identificación que aun sobrevive al paso de los siglos. Nos saludamos, me dijo que le parecía mucho menor que mi voz y, al enterarse de mi febril vocación por la Poesía, me exhortó a seguir escribiendo versos. Me parecía increíble estar allí, conversando con esos dos titanes de la cultura colombiana, con mis escasos 24 añitos.




VII

Pasó el tiempo. Me gradué de periodista. Volví a mi pueblo debido al excesivo trabajo que se le ofrecía a un escritor en la ciudad heroica. Uno de esos días de San Marcos, cuando el Poeta ya rondaba los 80, se me ocurrió rendirle un tributo con un texto que mezclara realidad con fantasía, memoria con imaginación, periodismo con literatura. Lo titulé “Martinis para un día seco”. Se lo envié a una encopetada revista bogotana que me había publicado un par de cosas, pero su editor lo rechazó porque le parecían muy arbitrarios algunos episodios que narraba. No le insistí y me arrepentí de no habérselo enviado antes al poeta Miguel Irirarte, editor de viacuarenta.

VIII

En 2004 publiqué mi primer libro, “El Poeta en el Hotel”, en contravía de muchos amigos escritores y consejeros gratuitos que me decían que la Poesía andaba muerta. Y yo, seguro de que solo andaba de parranda, hice caso omiso. En 2005 me fui a vivir a Bogotá y presenté el libro en la Biblioteca Nacional. Me reencontré con Santiago y le di una copia de “Martinis…” con el objeto de que se la enviara el Poeta. Se había separado, hacia años, de Laura y, con la sonrisa pícara de siempre, me dijo que le haría llegar el relato. “Con gusto”, dijo.

IX

En marzo de 2010 publiqué mi segundo libro “La Voz Desconocida”, haciendo una selección de entradas de mi blog desde enero de 2005. Entre ellos “Martinis…” que, decidido a que circulara libremente, lo había posteado en enero de 2006. En septiembre de ese mismo año el poeta Miguel Iriarte me invitó al Festival Internacional de Poesía “PoemaRío”. Allí sucedió un episodio absolutamente sobrenatural y mutisiano.

Subidos los 30 poetas invitados en una embarcación en medio de un paseo por el Río Magdalena, nos encontramos de frente con un tramp steamer de bandera croata. Todos guardamos silencio ante semejante espectáculo del diseño y la navegación. Casi en estado de levitación, al tiempo, alguien más y yo pronunciamos la palabra mágica: “Maqroll”, dijimos. Nos miramos y comenzamos a hablar de inmediato. Me contó de su larga amistad con el Poeta, sus sucesivos encuentros en Madrid, su común pasión por el whisky de malta y las hermosas mujeres libres. Incluso me dijo que tenía un regalo, pero que me lo mostraba cuando estuviéramos en tierra. Hice caso a su acertada superstición y, una vez desembarcamos, sacó de su billetera un billete de no sé cuántas pesetas dedicado al sabio Jose Celestino Mutis, ancestro del Poeta, magníficamente firmado por Don Álvaro. Este caballero que escribe y aquel Marqués de la Corte de Madrid son amigos desde entonces.

X

Al año siguiente, trabajando yo en una emisora comunitaria, me reencontré con Santiago y lo noté muy apesadumbrado. Me confió la razón: acababa de llegar de México donde había percatado que la salud del Poeta estaba en franco deterioro. Entre sus palabras, Santiago me había hablado de una honda tristeza que albergaba a su padre por la implacable peste del olvido en la que había caído su amigo el Nobel, quien no lo reconocía desde hacía varios meses. En aquel patio, rodeado de plátanos prodigiosos que le guardaban su memoria de Coello, bebido en llanto, el Poeta le dijo a su hijo: “Me duele mucho lo de Gabriel”.

XI

Tan pronto escuché aquello quise llamarlo a México en ocasión de su cumpleaños 88. Y lo hice, aprovechando las posibilidades que la emisora me ofrecía. Al otro lado de la línea, la voz de trueno se había convertido en susurrante voz de arroyo. “Yo trabajé en esa emisora”, me dijo al identificarme. “Charry Lara me llevo allí, como lector de noticias”. Mucha agua había corrido debajo del puente desde entonces. Hablamos algunos minutos, sobre asuntos domésticos, sobre lo que estaba leyendo y escuchando. Y sobre la forma en la que celebraría su cumpleaños, “Con Carmen, Mercedes y Gabo”, me dijo. Le dije lo mucho que lo queríamos en Colombia. Que esa fecha era de muy digna celebración. Algo incrédulo, al otro lado de la línea, se despidió, sonriente.

XII

Hace unas semanas, mi amigo el Marqués, Diego Valverde Villena, me propuso que hiciéramos un Almuerzo Global en Su Honor. Acepté de inmediato. Así que ahora, cuando el poeta y novelista Álvaro Mutis (Premio Príncipe de Asturias, Premio Reina Sofía, Premio Cervantes y Premio Neustadt) celebra sus primeros 90 años de Vida, sus lectores y admiradores de todo el mundo levantamos la Copa. ¡Larga Vida al Poeta!